Cartas a Infoconsolas: «De la pantalla al papel: videojuegos en el arte»

Keystone Kapers

Más allá de reabrir ese tema que tanto da que hablar recientemente, sobre si los videojuegos deberían ser considerados arte, quiero mostrar en estas líneas un proyecto donde los videojuegos se relacionan directamente con el mundo del arte plástico y visual.

A continuación os presento lo que lleva siendo mi proyecto artístico durante unos años, investigar los viajes en el tiempo a través del arte, y con ayuda de los videojuegos. Pero antes que nada, permitid que me presente.

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Despertando a la bestia

Recres

Normalmente suelo tomar café a eso de las 4 de la tarde. Aquel día no iba a ser menos así que encamine mis pasos hacia el “Royan”, la cafetería que siempre solía visitar. Allí se encontraba mi querido compañero de vicios Sergio. Tras una larga charla explicándome varias cosas de su recién descubierto “Ninja Gaiden” fui a encontrarme con mi compañero Aitor, para ir ambos al instituto, que se encontraba a poco mas de media hora de donde vivíamos Me monte en el coche y tras una charla sobre el tema recurrente de ocasión y llevarnos un perro por delante (sin querer) llegamos al instituto un cuarto de hora tarde. Tras mostrarles la matricula del coche y explicarles que por eso habíamos tardado 15 minutos de más, tanto él como yo pudimos pasar a nuestras respectivas aulas. Después de 3 horas venia el ansiado recreo, mas ansiado aquel día porque debido a problemas personales el profesor que impartía la asignatura de “programación” tenia que ausentarse y pobres de nosotros que no íbamos a disfrutar de esas 3 horas tan dinámicas…

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Toki: la máquina del mono

Toki

En el año 1989 un servidor era un tierno adolescente de 13 años y me dejaba mi limitadísima paga de los domingos en los recreativos del barrio. Fue un año mágico para todos los que ya en aquella época amábamos los videojuegos. Mientras en casa nos debíamos conformar con nuestro querido Spectrum de 8 bits, cuando visitábamos estos salones todo se llenaba de gráficos espectaculares, melodías inolvidables y mucha diversión frente al joystick.

Ese año estas salas recibieron arcades de reconocido prestigio: Capcom nos regalaba éxitos como Pang, Strider, Final Fight o UN Squadron, Konami el genial brawler TMNT, Sega nos llevaba por primera vez al mundo de Golden Axe, Taito nos hacía surcar el espacio en Hellfire y así hasta el infinito.

Imagínense lo que suponía enfrentarse a estos monstruos del arcade y más aún hacerlo desde una compañía pequeña. Tad Corporation se enfrentó a ese reto con un clásico videojuego de plataformas y disparos llamado Toki, aunque para todos los jóvenes que vivimos ese momento siempre fue la máquina del mono.

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Coleccionismo: perfiles

Coleccionismo: perfiles

En el mundo de los videojuegos el coleccionismo es tan factible y habitual como en otros medios culturales. No pocos somos los que nos adentramos en este mundo lleno de esfuerzos económicos contínuos, búsquedas imposibles, múltiples sinsabores y enormes recompensas.

El acceso al coleccionismo en videojuegos tiene varias vertientes o perfiles pero en todas se suele empezar con un importante componente nostálgico: hacerse con piezas que soñaste tener en tu niñez pero que la falta de independencia económica imposibilitó en aquel momento. Empiezas a probar cosas de sistemas que te resultan cercanos, que viviste en su momento de esplendor y a medida que el hobby se convierte en pasión y obsesión accedes a otros sistemas y te impones nuevas metas.

Aunque se pueden ver tantos perfiles como coleccionistas hay, considero que se pueden dividir en tres grandes grupos:

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De recreativas y bares

Recreativas

En mi generación llegabas a esto de los videojuegos por dos vías: las hand-helds –las maquinitas, que decían nuestros padres- y las recreativas.

Dicen que en España hay más bares que cualquier otra cosa, visitas un pueblo pequeño y podrá no tener médico, panadería o tienda de ropa pero nunca faltará un buen bar donde refrescar el gaznate. ¿Recordáis cuando en cada uno de esos bares podías echarte un vicio al Toki, Street Fighter II, Hang-On o cualquier otra recreativa mientras tus padres apuraban el botellín de Mahou?

Es curiosa una simbiosis tal en un país en el que ni siquiera hoy en día existe una cultura en torno al videojuego. La paga semanal se quedaba corta para acceder a las máquinas que nos transportaban a otros mundos que solo se hacían tangibles en nuestra imaginación o al otro lado de esos enormes monitores de tubo, mas allá de esos sticks y botones de colores, al otro lado de un mueble surcado de marcas de cigarros y manchas de chupa chups.

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