Sangre de Dragón

Los primeros sonidos del alba me despertaron. No había dormido profundamente, cosa habitual en mis últimas noches. No obstante, sí tenía la sensación de haber descansado algo. Era la primera vez en muchos días que pude dormir bajo un techo a la vera de un fuego. Llevaba varios días vagando sin rumbo, y empezaba a no encontrarle sentido a todo aquello. Por no saber, no sabía si estaba muy lejos de mi tierra. Pero sí tenía claro, que aquel no era mi lugar.

Abandoné la posada con un par de manzanas y una jarra de hidromiel bajo el brazo. Las bajas temperaturas de aquella zona me obligan a alimentarme con frecuencia si quería entrar en calor. No disponía de medio de transporte, pero tampoco lo necesitaba. A fin de cuentas, carecía de destino. Empecé a caminar por la calle principal, buscando la forma más rápida de salir de aquel poblacho.

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